// Nota técnica

Cuántas estrategias necesita un portfolio.

La diversificación tiene rendimiento marginal decreciente. Dónde está el punto en el que añadir una estrategia más deja de reducir riesgo y empieza a añadir solo complejidad.

Volver al pilar: sistemas multi-estrategia

DecrecienteEl rendimiento marginalLa primera pieza vale por diez.
IndependientesLo que se cuentaNo estrategias: modos de fallo.
Media ponderadaEl retorno del conjuntoSumar mediocres lo baja.

La pregunta mal planteada

“¿Cuántas estrategias hacen falta?” es la pregunta que todo el mundo hace y no tiene una respuesta numérica honesta, porque el número no es la variable relevante.

La razón es sencilla. Diez estrategias que replican la misma idea con parámetros distintos cuentan como una: ganan a la vez, pierden a la vez y fallan en bloque cuando el régimen que las favorecía deja de estar. Tres estrategias genuinamente independientes cuentan como tres. Si la pregunta se formula sobre el número, se está midiendo la longitud de la lista en lugar de la estructura del riesgo.

La versión útil de la pregunta es esta: ¿cuántos modos de fallo independientes tiene este portfolio? Un modo de fallo es una forma en que las cosas pueden ir mal a la vez. Una cartera con un solo modo de fallo puede tener veinte líneas en el informe y seguir siendo una apuesta única.

A partir de ahí sí se puede responder con aritmética, y la respuesta tiene una forma muy concreta: la de una curva que sube deprisa al principio y se aplana enseguida.

La curva de rendimiento decreciente

Supón el caso ideal —que no existe, pero acota el problema—: estrategias de volatilidad equivalente, con correlación cero entre ellas, repartidas a partes iguales. Es el mejor escenario posible, y ni siquiera en él la diversificación escala como la intuición sugiere.

Estrategias independientesRiesgo del conjuntoGana la última
1100 %
271 %−29 pp
358 %−13 pp
450 %−8 pp
641 %−4 pp
1032 %−2 pp
2022 %−1 pp

La tercera columna es la que contiene el argumento. Pasar de una estrategia a dos recorta el riesgo del conjunto casi un 30%: es el cambio más grande que vas a conseguir nunca, y se consigue con la primera pieza que añades. Pasar de dos a tres recorta trece puntos más. De tres a cuatro, ocho. De diez a veinte —duplicar el número de estrategias, con todo lo que eso implica— recorta diez puntos en total, y cada pieza individual de ese tramo aporta aproximadamente un punto.

Dicho de otro modo: la mayor parte del beneficio de diversificar se obtiene con las primeras piezas. Y esto en el escenario ideal. Con correlación real —que nunca es cero— y con estrategias de calidad desigual, la curva se aplana todavía antes.

Hay un detalle que suele pasarse por alto: el riesgo nunca llega a cero por muchas piezas que añadas. Se acerca asintóticamente a un suelo. Ese suelo es el riesgo sistemático, el que afecta a todo a la vez, y no se diversifica. Es el precio de estar expuesto al mercado.

Lo que cuesta cada pieza nueva

Si el beneficio de cada estrategia añadida decrece, el coste no. Y hay varios costes que rara vez se contabilizan.

Capital. Cada estrategia necesita capital suficiente para gestionar su riesgo con tamaños de posición coherentes. Repartir un capital limitado entre demasiadas piezas deja a cada una operando por debajo de su umbral de funcionamiento — y una estrategia mal dimensionada no es una versión pequeña de sí misma, es otra cosa con otro comportamiento.

Coste por operación. Más estrategias es más operaciones y más fricción. Ese coste es cierto y se paga siempre; la diversificación que compra es una expectativa estadística. Una estrategia cuya aportación marginal al riesgo del conjunto es de un punto porcentual difícilmente cubre su propia fricción.

Monitorización. Cada pieza hay que vigilarla: saber si se está comportando dentro de lo esperado o se ha degradado. Con pocas estrategias es factible. Con muchas, la degradación de una se esconde en el ruido del conjunto —la curva agregada sigue subiendo mientras una pieza lleva un año rota— y el problema se detecta tarde.

Riesgo de selección. Este es el más sutil y el más peligroso. Cuantas más estrategias buscas, más probable es que acabes incorporando alguna que solo funcionaba en el histórico. Es overfitting aplicado a la composición del portfolio: cuanto más grande es la red, más ruido pescas. Añadir piezas no es una operación neutra — cada una es una oportunidad de equivocarse.

Cuándo añadir una más

De todo lo anterior sale un criterio que se puede aplicar. Una estrategia nueva merece entrar si cumple tres cosas a la vez, y fallar una sola basta para descartarla.

Uno: su independencia está medida, no argumentada. La correlación con las piezas existentes se ha calculado sobre las series de resultados y sobre años de datos, no sobre una descripción de por qué debería ser distinta. Si operan el mismo activo en el mismo marco temporal, la hipótesis de independencia parte en contra por mucho que el código difiera. Está desarrollado en el artículo sobre correlación entre estrategias.

Dos: su rentabilidad esperada no hunde la del conjunto. El retorno del conjunto es la media ponderada. Añadir una pieza floja baja la media, punto. Solo compensa si la reducción de riesgo que aporta es mayor que el retorno que resta — y eso, por la curva de la sección anterior, es cada vez más difícil de cumplir a medida que el portfolio crece.

Tres: hay capital y capacidad de vigilarla. Una estrategia infradotada o desatendida no aporta diversificación: aporta superficie de fallo.

Un matiz importante, porque es contraintuitivo y es cierto: una estrategia con rentabilidad esperada inferior a la del conjunto puede mejorarlo, si su correlación es lo bastante baja. Reduce el riesgo más de lo que reduce el retorno, y la relación entre ambos mejora. Es de las pocas cosas que la aritmética concede. La condición sigue siendo la misma: que la independencia sea real y esté medida.

El exceso de diversificación

Pasado cierto punto, añadir piezas empeora el portfolio. No es una figura retórica: es lo que sale de restar costes ciertos a beneficios decrecientes.

El portfolio sobrediversificado tiene un perfil reconocible. Retorno esperado erosionado, porque se han ido incorporando estrategias cada vez más flojas para llenar huecos. Fricción alta, porque cada pieza opera. Degradaciones que se detectan tarde, porque el agregado las disimula. Y —lo peor— una falsa sensación de robustez: una lista larga sugiere solidez, y si esas piezas comparten un factor común oculto la lista larga no significa nada. En el shock, todas se mueven juntas y el inversor descubre que su cartera de quince estrategias se comporta como una.

El caso opuesto —concentrar todo en una sola pieza porque parece la mejor— tampoco es defendible. Asume que sabes cuál es la mejor, y esa certeza casi nunca está justificada: la evidencia disponible es histórica y el futuro no tiene por qué parecerse. Concentrar es apostar a que tu identificación fue correcta.

El punto razonable está donde suele estar: un puñado de estrategias genuinamente independientes, bien dotadas de capital y efectivamente vigiladas. No es una respuesta satisfactoria para quien quería un número, pero es la que la aritmética permite.

Qué hacer con esto

Todo esto importa por una razón concreta, y es la misma de todo el clúster: el drawdown. Un portfolio bien diversificado no gana más — su retorno esperado es la media ponderada de sus piezas, ni un punto más. Lo que hace es que la caída sea menos profunda y más corta.

Y por la asimetría de la recuperación, esas dos propiedades son las que deciden todo. Un −20% exige un +25% para volver al punto de partida; un −40% exige un +67%. La segunda no es el doble de mala: es de otra categoría. Y el tiempo bajo el agua se mide en meses o en años según lo mismo. Ahí es donde la gente desactiva un sistema en el punto más bajo, justo antes de la recuperación, y convierte una caída temporal en una pérdida permanente. La diversificación no evita ese momento — reduce la probabilidad de que sea tan profundo que la decisión se tome sola.

Ante un sistema que se presenta como diversificado, la pregunta no es cuántas estrategias tiene. Es cuántas de ellas son independientes, con qué correlación medida, sobre cuántos años y si se sigue midiendo hoy. Si la respuesta es un número de estrategias y una descripción cualitativa, no te han respondido.

VERTEX combina varias estrategias independientes. Esa independencia se sostiene con datos de correlación o no se sostiene, y por eso la documentación de resultados está publicada: para que se pueda comprobar en lugar de creer.

  • ¿Cuál es el número óptimo de estrategias en un portfolio?

    No hay una cifra universal, y quien la dé sin condiciones está simplificando. El número depende del capital disponible, del coste por operación, de la capacidad real de monitorización y sobre todo de cuántas estrategias genuinamente independientes se tienen. Lo que sí es robusto es la forma de la curva: el salto grande está en las primeras piezas, y a partir de un puñado de estrategias realmente independientes cada añadido aporta poco.
  • ¿Es mejor tener tres estrategias buenas o diez mediocres?

    Tres, casi siempre. Diversificar no compensa una rentabilidad esperada peor: la del conjunto es la media ponderada de sus componentes, así que añadir piezas mediocres baja la media. Solo tiene sentido si la pieza nueva reduce el riesgo del conjunto lo suficiente para compensar el retorno que resta. Diez estrategias mediocres y parecidas entre sí son lo peor de ambos mundos: menos retorno esperado y sin la diversificación que lo justificaría.
  • ¿Añadir una estrategia con peor rentabilidad puede mejorar la cartera?

    Sí, y es una de las pocas cosas contraintuitivas que la aritmética sí permite. Si su correlación con el resto es baja, puede reducir el riesgo del conjunto más de lo que reduce el retorno esperado, mejorando la relación entre ambos. La condición es que la independencia sea real y esté medida sobre años. Sin ese dato, es una apuesta a que baja el retorno a cambio de nada.
  • ¿Un sistema con muchas estrategias es más seguro?

    No por el número. Un sistema con veinte estrategias que replican la misma idea es una sola estrategia con veinte nombres, y falla en bloque. Uno con cuatro estrategias de correlación validada baja tiene cuatro modos de fallo independientes. El segundo está mejor construido aunque la lista sea más corta. El número de piezas describe la superficie, no la estructura del riesgo.

Contenido educativo. No constituye asesoramiento financiero ni una recomendación de inversión. La operativa con sistemas automatizados está sujeta a riesgo de pérdida total del capital invertido. Los resultados pasados no garantizan resultados futuros. Las cifras de este artículo son ejemplos aritméticos genéricos y no describen el comportamiento ni los parámetros de ningún sistema concreto.